Santa Ana

El otro dÍa recordaba mi hermano que le habÍa venido a la cabeza la palmera que mi abuela tenÍa en el patio. Ya no sabÍa si era un recuerdo real o quizÁ se lo habÍa inventando, pero no. Mi abuela tenÍa no una, sino dos palmeras que le habÍan empezado a crecer tras plantar un dÁtil. A ella, a la que todo le agarraba, no se le iba a resistir una palmera. Aquello empezÓ a crecer y todos los maceteros se quedaban pequeÑos hasta que las trasplantÓ a un bidÓn. La palmera crecÍa y crecÍa hasta que se decidiÓ a desprenderse de ella y donarla al Ayuntamiento, que la trasplantÓ en el jardÍn de la Plaza EspaÑa, donde iba a verla de vez en cuando. Ahora que se acerca Santa Ana, me acuerdo mÁs de ella. De aquellas reuniones con todas las Anas de la familia -somos unas pocas- regadas de ponche y de mucha comida, porque nunca era suficiente. Un ritual que forma parte de los mejores macetas para huerto urbano recuerdos de mi infancia y adolescencia. Santa Ana.

De mi abuela aprendÍ a diferenciar la hierbabuena de la albahaca o a poner un puÑado de jazmines en la mesita de noche para que no me picaran los mosquitos. A salirme a la puerta al fresco, a que no hay mejor postre que un vaso de leche con galletas o a que siempre se puede estrujar un poco mÁs a alguien cuando le das un beso. TambiÉn me enseÑÓ que la familia que vive unida, permanece unida, por eso no pasaba ni un dÍa sin verla, al mediodÍa, mientras ponÍa la mesa. Yo le daba un beso y me iba. Sin mÁs. O por la noche, quÉ mÁs da. TambiÉn aprendÍ donde guardaba el dinero “para cuando yo me muera” o a que no me echara novio “muy jovencita”; aunque en esto creo que le estoy haciendo demasiado caso… Mi abuela me enseÑÓ a tener paciencia, a tirar los papeles a la papelera y a saludar a las vecinas, aunque me diera vergÜenza.

De mi abuela aprendÍ tambiÉn a querer a todas las Anas de mi familia, bellas todas ellas por fuera y por dentro. Y a saber que van (vamos) a estar ahÍ. Da igual que te compres un piso o que unos resultados mÉdicos te den algÚn susto. En lo bueno y en lo malo. Celebrando y llorando. Para ellas van mis felicitaciones adelantadas porque si la familia no se elige nosotras tuvimos la suerte de que nos tocara la mejor, aunque no todos tienen la suerte de llamarse Ana, quÉ le vamos a hacer…

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